jueves, febrero 22, 2007

Retazos semanales

Todavía no sé si esto será una sección habitual, pero sea lo que fuere, este post no es otra cosa que una serie de destellos o datos curiosos que han llegado a mí durante esta semana por diferentes vías y personas, y me han llamado la atención. Aquí van algunos pequeños flashes:



-Venezuela, o la pequeña Venecia: este país americano recibió este nombre por ser considerada por los españoles que llegaron a América la ‘pequeña Venecia’, dado que la construcción de las casas en palafitos se asemejaba a la veneciana.

Y, buscando una foto, descubro que puede que esto no sea así:



"La versión más reciclada, e inflada por los medios de comunicación social y otros medios de dominio cultural, es la que refiere el nombre de Venezuela a una sugerencia del navegante florentino Américo Vespucio a partir de un diminutivo de la ciudad italiana de Venezia. Vespucio se habría inspirado en la visión de los palafitos aborígenes en las costas de Maracaibo, que avistó junto con Alonso Hojeda y Juan De La Cosa en agosto de 1499, un año después de que Cristóbal Colón tocó el extremo opuesto, el oriental, de nuestro territorio (...)Hay una versión del origen del nombre de nuestro país que tiene fundamentos más históricos, mejor documentados, y que no son un invento o una elucubración. Esta versión atribuye al nombre de Venezuela un origen autóctono que los españoles se apresuraron a reproducir: Veneçiuela". Ramón Hernández Villoria





En fin, da igual.




Menéndez Pidal y el teatro y el cine: el teatro español es como un cinedrama por los cambios tremendos de lugar y de tiempo. (Los románticos volvieron la vista al teatro del Siglo de Oro por su "ruptura" con las tres unidades aristotélicas que no eran tal, algo que no sucedió otros países europeos donde reinterpretaron estas leyes).

Encuentro ahora una entrevista realiza a Pidal en la revista Radiocinema en 1954, respondiendo a algunas preguntas como estas:


"A la pregunta si el cine es un arte contesta:

-Sí, es un arte, cuyo origen es el teatro; por esto lo es, aunque sus campos estén bien definidos y el cine tenga más acción. Ambos, el cine y el teatro, tienden a invadirse mutuamente, copiando lo mejor del uno del otro, aunque sus características están perfectamente delimitadas.

La siguiente pregunta relaciona al cine con la literatura, insistiendo en si lo es tanto como el teatro; y la respuesta:

-Sí, es literatura de contorno más reducido, puesto que en el cine no caben los grandes diálogos, sino el dinamismo de la acción; es, por esto último, que llamo cinedramas a algunas obras de Lope de Vega. El cine y el teatro son ríos que nacen de la misma fuente, pero que llevan cursos distintos.

La afición mayor que el público siente por el cine sobre el teatro se debe a que la percepción visual es más sencilla que la auditiva; es evidente que la respuesta pierde sentido si la comparación se establece entre cine sonoro y teatro representado".



Riffaterre y la intertextualidad: hay intertextualidad allí donde el lector la detecta.

Nada, que todo está en Internet (o, casi todo):

"Según el autor, los textos literarios no se agotan en la denotación, sino que su intención de representación apunta a lo que no está dado, a un amplio universo de interrelaciones que carece de sentido sin un lector. Por tanto, considera la intertextualidad no tanto como producción sino como recepción:

"Un phénomène qui oriente la lecture du texte, qui en gouverne éventuellement l'interprétation, et qui est le contraire de la lecture linéaire" (‘Un fenómeno que orienta la lectura del texto, que gobierna eventualmente la interpretación y que es lo contrario de la lectura lineal’).

Sin embargo, el margen de acción del lector está limitado:
"Text leaves little leeway to readers and controls closely the response" (‘El texto deja a los lectores un pequeño margen y controla estrechamente la respuesta’)".


Me gusta esta idea en la que se da una libertad "absoluta" al lector, libre de establecer las relaciones que ve o cree ver y, que en cualquier caso, le enriquecen a él, ya sea verdad o coherente lo que proponga.



Sé que todo es un poco caótico, pero el último retazo lo dejo a un vídeo que ha llegado a mí y que la casualidad ha querido que, bajo el título de "Curiosidades" incluya imágenes de la obra escultórica de Ron Mueck que conocí por Fer, y pintura sobre el asfalto que desafía la percepción óptica, que recebí hace tiempo vía mail.

Espero que estos destellos o breves reflexiones os resulten, cuando menos, interesantes.
Y, esta semana, no puedo concluir de otra manera que volviendo a Venecia y su belleza, recordando aquello de:

"un arcángel o sauce o cisne o corcel de llama..."






7 comentarios:

JoseAngel dijo...

Bueno, cuando dice que:

‘El texto deja a los lectores un pequeño margen y controla estrechamente la respuesta’)".

es más bien lo contrario de dar

"una libertad "absoluta" al lector, libre de establecer las relaciones que ve o cree ver y, que en cualquier caso, le enriquecen a él, ya sea verdad o coherente lo que proponga"

... aunque ya veo que te gusta más la segunda propuesta (que es más tuya que de Riffaterre). Yo creo que hay mucho margen para la respuesta... otra cosa será la aceptación que tengan las respuestas muy peculiares o locales entre otras personas aparte del receptor creativo ese.

Ireth dijo...

Sí, Joseangel, lo que ocurre es que cuando escribí mi interpretación lo hice consciente de que podía resultar contradictoria de acuerdo con lo que había encontrado en la red. La razón por lo que lo hice es que esta teoría llegó a mí simplificada, quizá en un afán de contraponerla diametralmente a otra teoría, de una manera en la que parecía que todo lo que el lector sugiriera como intertextualidad era válido. Así se oponía Riffaterre a Genette que en sus “Palimpsestos” se situaba como partidario de una teoría restringida de la intertextualidad que sería posible cuando se diera la literalidad (se basa en los conceptos de cita, plagio y alusión).

Simplemente he incluido este retazo ya que me parecía interesante la consideración de que el lector, en su acto de lectura, puede asociar lo que está leyendo con todo lo que le sugiera la mente, sea coherente o no. Del mismo modo que parece lógico pensar que cuanto más haya leído una persona más capaz es de establecer múltiples intertextualidades. Quizá el problema sea que el proceso de relación y enriquecimiento al que me refiero nada tenga que ver con la intertextualidad sino más bien con la percepción plenamente subjetiva del lector.

De todos modos, Riffaterre era una excusa. Un saludo!

Fernando dijo...

Qué bueno el post! Muy sugerente.

Sobre lo del teatro estoy muy de acuerdo con la idea de que el cine consigue una respuesta más poderosa del espectador, por toda la gama de recursos visuales que el teatro no puede tener. De todas formas eso no impide que, en contra de lo que dice Pidal, el cine pueda ser un buen soporte para el diálogo y no sólo para la acción.

Sobre la intertextualidad... yo creo que una obra literaria, como una película o un cuadro es, además de muchas otras cosas, un mensaje que el autor lanza y que necesita a un cierto tipo de receptor ideal para ser comprendida y sentida como el autor quería que se hiciera. En ese sentido las conexiones intertextuales están dirigidas por el autor. Ahora bien, el lector o el espectador pueden establecer sus propias conexiones lejos del control del autor. Por eso la aparente contradicción de esos párrafos. El tema es muy interesante y cuidado con lo que dices, Ireth, que José Ángel es doctor en la materia ;-)

Y el vídeo me ha gustado mucho! No sólo las fotos de Mueck. Los dibujos en el suelo son increíbles, me han impactado muchísimo. Si los hubiera visto el pobre Mantegna...

Un abrazo Ireth!

Elros dijo...

Centrándome en exclusiva en el tema de la intertextualidad, me parece una idea valiente, pero peligrosa, la idea que subrayas, Ireth, de dar completa libertad al lector "de establecer las relaciones que ve o cree ver" ya sean para analizar un texto o simplemente para enriquecerle.

Se corre el riesgo en el primer caso de distorsionar el sentido propio de los textos, tanto del analizado como el del rememorado llegando a convertir un concepto como el de intertextualidad en una simple "caza de parecidos" léxicos, sintácticos o estructurales.
El segundo puede estar bien para un simple lector sin intereses filológicos, pero llevaría a la persona a un engaño subjetivo continuo sobre lo que lee y lo que quiere o cree leer.

Es decir, que una cosa es que "la literatura no sea más que parodia" como dice quien tú y yo sabemos, y otra que un lector piense que todos los textos contienen lo mismo, no? ;-)

Pero en el caso de que salgamos del sentido literal de la intertextualidad para adentrarnos en el aprendizaje personal del curioso lector... por supuesto que cada uno puede y DEBE enriquecerse con todo lo que descubra o crea descubrir en sus lecturas. Lo contrario sería hacer uso de los libros como si se fuera un autómata irreflexivo.

Buen tema, Ireth! No sé por qué (bueno sí que lo sé) pero creo que la última clase del día va a aparecer mucho por estos lares, me equivoco? ;-P

Ireth dijo...

Gracias Fer, y sí, andaré con tiento jeje. Lo que comentas tan acertadamente sobre la obra de un autor creada y dirigida a un lector o receptor concreto, me lleva a sugerir algo: quizá esas obras que consideramos universales (el tan manido término) poseen como característica fundamental el que su mensaje es fácilmente descodificable por la masa receptora (lo que no les resta calidad ni complejidad), porque hablan de asuntos que conciernen al ser humano y, por tanto, al lector, de una manera clara y atractiva. Bien conocido es que la mayor dificultad de descodificación de obras de arte es la de aquellas que se adscriben en lo hermético, las vanguardias, y otras corrientes, porque sólo un público minoritario y, probablemente, iniciado, es capaz de interpretarlas "coincidiendo" con la intuición o intención del autor. Ya nombre una vez a Lázaro Carreter para ilustrar algo relacionado con esto, que ahora también viene al pelo: en la obra literaria (o de arte) hay un doble movimiento o proceso, el significado o sentido que da el propio autor a su obra, y el significado (entendido como literal) y el sentido que aprehende el receptor), es decir, codificación y descodificación. Creo que esto es muy cierto. La magia está en el encuentro cómplice del autor y el lector.

En cuanto a Elros, con respecto a esa peligrosidad de la idea que insinuaba en el ya polémico punto del post jeje, que quede claro que en ningún momento me refería a semejante reflexión como método filológico objetivo, sino meramente a algo aplicable al ámbito personal, lejos de lo científico, pero no por ello menos importante. Y sí, este cuatrimestre abunda en informaciones curiosas y muy sugerentes, algo que se produce de manera continuada, lo que es muy grato, al menos para mí, de modo que no sólo la última hora ocupará gran espacio, sino otras muchas como es el caso de los orígenes del resto de temas de este post que algunos podrán reconocer (los cuales me darían la razón si escribieran ;-)). Y, especialmente, hay una hora que apunta maneras y que creo se hará con el liderazgo de esta sección que parece continuará.

Un saludo a los dos!

Fergus el Destructor dijo...

Menudo post tan increíble, la mayor filologada que he visto por estos lares, he aprendido más leyéndolo que en mis 2 horas de clases filólogas.

No me veo capacitado para entrar en semejante debate, de momento (seguiré cultivándome).

Ireth dijo...

Espero que te haya gustado Fergus. De estos post no ha vuelto a ver porque en las clases de lengua no han salido cosas así. Ese cuatrimestre se conjugaron clases y profesores muy interesantes (y que a veces se salían de los temas que daba gusto y decían cosas como éstas).

Claro que estás capacitado para opinar, de hecho, como en literatura a veces se dice de casi todo, a lo mejor creabas una nueva corriente crítica jeje.